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Economía

La geopolítica ya es una línea más de nuestra cuenta de resultados

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Cada vez que un conflicto estalla en Oriente Medio, los mercados reaccionan antes que los diplomáticos. La tensión en torno a Irán de estas últimas semanas ha vuelto a poner sobre la mesa una verdad incómoda que en Zythos Business repetimos a nuestros clientes desde hace años: la geopolítica no es un tema de telediario, es una partida más de la cuenta de explotación. Y en 2026, con una economía española que sigue dependiendo en buena medida de la energía importada, esa partida puede desestabilizar un negocio tan rápido como un impago de un cliente grande.

La energía como impuesto encubierto

Cuando el petróleo y el gas se encarecen por un riesgo de suministro en el Golfo Pérsico, no hace falta que la guerra llegue a ningún puerto europeo para que el efecto se note aquí. Basta con que suba la prima de riesgo del transporte marítimo o que los operadores anticipen restricciones futuras. El resultado es una subida de costes que actúa, de facto, como un impuesto no legislado: nadie lo aprueba en el Congreso, pero todos lo pagamos, desde el transportista que repostará más caro hasta la panadería que ve subir la factura eléctrica del horno. Mi tesis es sencilla: en un contexto como el actual, tratar la energía como un coste fijo más, calculado una vez al año, es un error de gestión. Debería tratarse como lo que realmente es, una variable geopolítica que exige revisión trimestral, igual que hacemos con la tesorería o con los tipos de interés.

La pyme española, en primera línea

Las grandes corporaciones tienen coberturas, departamentos de tesorería y contratos a plazo que amortiguan estos shocks. La pyme y el autónomo español, no. Y sin embargo son quienes sostienen buena parte del tejido productivo de este país: el taller que factura al peso del gasóleo, la empresa de logística cuyo margen depende del precio del combustible, el pequeño exportador que ve cómo el flete a Asia se encarece de un mes para otro. Cuando el barril se mueve por decisiones que se toman a miles de kilómetros, estas empresas absorben el golpe sin colchón. Y aquí está mi segunda convicción, quizá menos cómoda: parte de la responsabilidad no es solo geopolítica, es de gestión interna. Muchas pymes siguen fijando precios y presupuestos sin ningún margen de maniobra ante variaciones de costes energéticos que, a estas alturas, deberíamos asumir como estructurales y no como excepción puntual.

Qué hacer en lugar de esperar a que pase

No defiendo el catastrofismo ni la parálisis. Defiendo la anticipación. Una empresa que revisa su estructura de costes energéticos con la misma disciplina con la que revisa su IVA trimestral está mejor preparada que la que solo mira la factura cuando ya ha llegado. Lo mismo vale para el Banco Central Europeo y para el Gobierno: el dilema entre contener la inflación y no frenar una recuperación todavía frágil se complica cada vez que un episodio como este añade presión sobre los precios energéticos, y no conviene fiarlo todo a que la tensión se desinfle sola. La lección de los últimos años, con varias crisis energéticas encadenadas, es que la volatilidad ha venido para quedarse como rasgo estructural de esta década, no como paréntesis. Quien planifique asumiendo que el precio de la energía va a ser estable se equivoca de partida.

En Zythos Business no podemos influir en lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, pero sí podemos ayudar a que un cliente no dependa de la suerte para capear sus efectos. Cuando revisamos la contabilidad trimestral de un autónomo o una pyme, no nos limitamos a cuadrar cifras: analizamos su exposición a costes variables, sus márgenes reales frente a escenarios de encarecimiento y su capacidad de repercutir esos costes sin perder clientes. Es un trabajo menos vistoso que una noticia de portada, pero es precisamente ese trabajo de fondo, hecho con anticipación y no con urgencia, el que marca la diferencia entre un negocio que sufre la geopolítica y uno que simplemente la tiene en cuenta.

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