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Cerrar el ejercicio contable: el checklist para llegar tranquilo al Impuesto de Sociedades

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Cada año llega el mismo momento: hay que cerrar el ejercicio contable antes de presentar el Impuesto de Sociedades, y las prisas de última hora suelen dejar cabos sueltos que luego se pagan caro, literalmente. Un cierre bien hecho no es un trámite mecánico de cuatro asientos: es la garantía de que el resultado que se declara a Hacienda es el real, y de que ese resultado se sostiene si algún día llega una comprobación. Esta guía repasa, en el orden en que conviene hacerlo, los puntos que no se pueden saltar antes de dar por cerrado un ejercicio.

Los cuadres previos: la base de todo lo demás

Antes de pensar en ajustes o en amortizaciones, hay que comprobar que la contabilidad «cuadra» en el sentido más literal: que el saldo de cada cuenta coincide con la realidad que representa. Esto implica, como mínimo, verificar que el IVA soportado y repercutido contabilizado en el año coincide con lo declarado en los modelos 303 trimestrales y en el resumen anual (modelo 390); que las retenciones practicadas e ingresadas (modelos 111, 115) casan con lo registrado en las cuentas de proveedores, acreedores o nóminas; y que los saldos de clientes y proveedores están soportados por facturas reales, sin importes «flotando» de ejercicios anteriores que nadie ha revisado. Si en este punto aparece una diferencia, por pequeña que sea, es el momento de investigarla, no de arrastrarla al cierre: un descuadre de unos cientos de euros en el IVA de un trimestre casi nunca desaparece solo, suele ser una factura mal contabilizada, duplicada o directamente olvidada.

Conviene también revisar las cuentas puente y las provisionales (anticipos de clientes, cuentas de socios, gastos e ingresos pendientes de clasificar) para que no lleguen «vivas» al cierre. Cada cuenta que se queda sin explicación en el balance de cierre es una pregunta que, tarde o temprano, alguien va a hacer.

Amortizaciones y periodificaciones: que el resultado sea el que toca

El segundo bloque es puramente de devengo. Las amortizaciones del inmovilizado material e intangible deben estar dotadas por el importe correcto según la vida útil y el método aplicado a cada elemento, y coincidir con lo reflejado en la ficha del bien y en la cuenta de amortización acumulada. Es habitual encontrar bienes dados de alta en el año que se han quedado sin amortizar, o amortizaciones calculadas sobre una base que no se actualizó tras una mejora o una baja parcial. Conviene también revisar si algún activo ha perdido valor de forma duradera y podría requerir un deterioro, algo distinto de la amortización ordinaria.

Junto a las amortizaciones están las periodificaciones: gastos e ingresos que, por imputarse a caja o por llegar la factura en fecha distinta al periodo que realmente cubren, deben repartirse entre ejercicios. El ejemplo clásico es un seguro anual pagado en otoño que cubre también los primeros meses del año siguiente, o un alquiler cobrado por adelantado. Si no se periodifican, el resultado del ejercicio queda distorsionado y, con él, la base imponible del Impuesto de Sociedades. También hay que revisar si son necesarias provisiones, como las de posibles insolvencias de clientes, cuando existan indicios razonables de impago.

Conciliación bancaria y el orden correcto: primero el cierre, después el 200

Ningún cierre es fiable si el saldo contable de cada cuenta bancaria no coincide con el extracto real a cierre de ejercicio, ajustado por los movimientos en tránsito (cheques emitidos aún no cobrados, transferencias en camino). La conciliación bancaria de fin de año conviene documentarla por escrito, cuenta por cuenta, porque es el primer sitio donde miran las revisiones y porque suele delatar apuntes duplicados o cobros contabilizados dos veces.

Con los cuadres, las amortizaciones, las periodificaciones y los bancos revisados, el orden lógico es: cerrar la contabilidad del ejercicio con el asiento de regularización y cierre, calcular sobre esos saldos definitivos la liquidación del Impuesto de Sociedades (modelo 200), y solo entonces abrir el ejercicio siguiente arrastrando los saldos correctos. Invertir este orden —calcular el 200 sobre una contabilidad todavía provisional y «encajar» después los ajustes— es la vía más directa hacia discrepancias entre lo declarado y lo contabilizado que luego cuesta mucho reconstruir.

En Zythos Business acompañamos este proceso de cierre a autónomos y pymes con el mismo criterio: revisar antes de calcular, y calcular antes de presentar. Si quieres afrontar el cierre de tu ejercicio con la tranquilidad de que cada cifra del Impuesto de Sociedades está respaldada por una contabilidad cuadrada, estamos a tu disposición para revisarlo contigo.

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