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Economía

Los mercados suben, la pyme aguanta: la competitividad que no aparece en los índices

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Cada vez que cierro el año revisando cómo se han comportado los mercados financieros, me encuentro con el mismo contraste: los índices bursátiles celebran récords, la volatilidad se digiere con una calma que hace unos años habría parecido imposible, y sin embargo, cuando bajo la mirada desde el índice hasta la pyme que atiendo cada semana, la fotografía es mucho menos entusiasta. Esa disonancia entre la euforia de las carteras y la fatiga de quien factura, paga nóminas y liquida impuestos en España no es un matiz menor: es, a mi juicio, el problema económico de fondo que deberíamos estar discutiendo con más urgencia.

Los mercados llevan un tiempo premiando a un puñado de compañías tecnológicas globales, casi todas de fuera de Europa, cuya capitalización concentra una parte desproporcionada de las ganancias bursátiles. Esa concentración no es casualidad ni un simple ciclo: refleja dónde se está generando innovación, dónde fluye el capital riesgo y dónde las empresas encuentran condiciones para escalar rápido. España y Europa, en general, siguen siendo mercados de capitales menos profundos, con menos vehículos para financiar el crecimiento de una empresa mediana que quiere dar el salto, y eso se nota tanto en los índices como en la caja de cualquier autónomo que intenta digitalizarse o invertir en maquinaria nueva.

La competitividad no se decreta, se financia

Aquí es donde quiero ser claro con mi tesis: llevamos años hablando de competitividad empresarial como si fuera una cuestión de voluntad o de discurso político, y en realidad es, sobre todo, una cuestión de costes de financiación, de carga administrativa y de previsibilidad fiscal. Una pyme española que quiere invertir compite, en la práctica, por el mismo capital global que absorben las grandes tecnológicas cotizadas. Si el coste de acceder a ese capital —o simplemente a un crédito bancario razonable— es más alto aquí que en otras economías, la brecha de competitividad no hace más que ensancharse, por mucho que los índices generales suban.

A esto se suma un factor que veo cada trimestre en la contabilidad de mis clientes: la presión fiscal y regulatoria no siempre viene acompañada de la misma agilidad en la devolución de esos recursos en forma de inversión pública en digitalización, formación o infraestructuras que reduzcan costes estructurales, como el energético. No defiendo bajar impuestos por dogma; defiendo que cada euro que se detrae de una empresa pequeña tenga un retorno claro en condiciones de competir, porque hoy esa empresa ya no compite solo con la del pueblo de al lado, sino con proveedores y plataformas de cualquier parte del mundo.

Lo que sí está en nuestra mano

Dicho esto, no todo depende de decisiones que se toman en Bruselas o en Madrid. Una parte importante de la competitividad se juega en el día a día de la gestión: en si una empresa lleva su contabilidad al minuto o descubre los problemas seis meses tarde, en si aprovecha las deducciones y bonificaciones a las que tiene derecho, en si planifica la tesorería con la misma disciplina con la que un gestor de fondos planifica una cartera. La brecha entre una gran corporación y una pyme no está solo en el acceso al capital; está también en el acceso a información financiera de calidad y a tiempo, algo que las grandes empresas dan por hecho y que muchos autónomos siguen resolviendo a última hora, cuando ya es tarde para corregir el rumbo.

Mi conclusión, por tanto, no es pesimista sino exigente: si queremos que la próxima década de mercados no vuelva a dejar a nuestro tejido productivo mirando desde fuera, hace falta tanto una apuesta política decidida por la financiación y la simplificación normativa de la empresa mediana y pequeña, como una cultura de gestión más profesionalizada dentro de cada negocio, por modesto que sea su tamaño.

En Zythos Business trabajamos precisamente en esa segunda mitad de la ecuación, la que sí está al alcance de cada cliente: llevar la contabilidad y la fiscalidad de autónomos y pymes con el rigor y la anticipación necesarios para que las decisiones de inversión, financiación o crecimiento se tomen con datos reales encima de la mesa, no a ciegas. No podemos cambiar el ciclo de los mercados globales, pero sí podemos asegurarnos de que nuestros clientes lleguen a cada decisión con la información que necesitan para competir en igualdad de condiciones.

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