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Economía

El liderazgo global de unas pocas empresas no debe tapar el abandono de la pyme española

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Cada cierto tiempo aparece un informe que recuerda algo que en España tendemos a olvidar entre polémica y polémica: tenemos empresas capaces de marcar el paso en mercados globales, desde la energía hasta la moda, pasando por la banca, las infraestructuras o las telecomunicaciones. El último ejercicio de este tipo, elaborado por un instituto especializado en gobernanza y economía aplicada, vuelve a poner nombres propios sobre la mesa: compañías españolas que no solo compiten fuera, sino que en algunos de sus sectores escriben las reglas. Celebro el ejercicio, pero me resisto a quedarme en el titular fácil. Creo que ese liderazgo, real y meritorio, cuenta solo la mitad de la historia económica del país.

El espejismo del liderazgo global

La existencia de un puñado de multinacionales españolas de primer nivel es, sin duda, una buena noticia: generan marca país, atraen talento, financian innovación y sostienen buena parte de nuestra presencia exterior. Pero convertir esa élite en sinónimo de la economía española es un error de perspectiva que, a mi juicio, cometemos con demasiada facilidad. Esas compañías operan con estructuras fiscales, jurídicas y financieras diseñadas para la escala internacional: departamentos enteros dedicados a precios de transferencia, optimización fiscal legítima entre jurisdicciones y equipos que absorben sin despeinarse cada nueva obligación regulatoria que llega de Bruselas o de Madrid. Lo que para un gran grupo es un ajuste de proceso, para el tejido productivo real del país —millones de autónomos y pymes— es a menudo un obstáculo que decide si el negocio sobrevive al siguiente trimestre.

Mi tesis es sencilla: no discuto el mérito de quienes lideran esos rankings, discuto que su éxito se use, incluso sin mala intención, como prueba de que el sistema funciona para todos. No funciona igual. La brecha de productividad, de acceso a financiación y de capacidad para digerir la carga administrativa entre una gran corporación y una empresa de quince empleados es abismal, y esa brecha no se cierra con orgullo patrio.

La pyme, la gran ausente del relato

España es, estructuralmente, un país de pequeña y mediana empresa. Ahí se genera la mayor parte del empleo y ahí se libra, cada trimestre, cada cierre de ejercicio, la batalla real contra la burocracia: modelos que presentar, plazos que cumplir, criterios contables que interpretar sin el colchón de un departamento fiscal propio. Cuando el debate público se llena de campeones globales, el riesgo es que la política económica —incentivos, simplificación normativa, líneas de financiación— se diseñe pensando en sostener a quienes menos lo necesitan, en lugar de en hacer crecer a quienes podrían convertirse en los campeones de la próxima década.

Sostengo que el verdadero indicador de salud económica de un país no es cuántas empresas suyas encabezan un ranking mundial, sino cuántas pymes consiguen dar el salto a mediana empresa cada año, y cuántas de esas medianas aguantan diez años después. Ese dato, mucho menos vistoso que un top 15, es el que de verdad predice si España seguirá generando líderes globales dentro de una generación o si estos seguirán siendo, cada vez más, una excepción heredada del pasado.

Qué debería cambiar

No pido menos ambición para nuestras multinacionales, sino más ambición para todo lo demás: simplificación fiscal real para el pequeño empresario, no solo anuncios; criterios estables que no cambien cada ejercicio; y un reconocimiento explícito de que competitividad país no es solo la de quince empresas en un informe, sino la de millones de negocios que hoy dedican demasiadas horas a sobrevivir al papeleo en lugar de a crecer. Ese es, para mí, el verdadero termómetro de si España está marcando las reglas del juego o simplemente aplaudiendo a quienes ya las dominan.

En Zythos Business trabajamos precisamente en esa otra mitad del relato: la de los autónomos y pymes que, sin departamento fiscal propio, necesitan que alguien traduzca cada cambio normativo en decisiones concretas y a tiempo. No competimos con ningún ranking, pero creemos que ayudar a que un pequeño negocio cierre bien sus cuentas, cumpla sus plazos y crezca con orden es, a su manera, tan importante para la economía española como cualquier titular sobre liderazgo global.

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