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Productividad en España: por qué sigue rezagada frente a la UE

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España vuelve a situarse este año entre los países de la Unión Europea con menor crecimiento de la productividad, un dato que convive, paradójicamente, con cifras de empleo sólidas y un crecimiento del PIB que sigue superando al de buena parte de nuestros socios comunitarios. Esta combinación no es casual: gran parte del avance económico español de los últimos ejercicios se ha apoyado en la creación de puestos de trabajo y en el aumento de horas trabajadas, mucho más que en producir más y mejor con los mismos recursos. Para el empresario y el autónomo del día a día, esta brecha no es un debate académico: se traduce en márgenes más ajustados, menor capacidad de subir salarios sin tensionar costes y una posición más frágil frente a la competencia europea cuando se encarece la energía, el crédito o las materias primas.

Un crecimiento que se sostiene más en empleo que en eficiencia

El patrón no es nuevo, pero se mantiene: la economía española genera actividad sobre todo incorporando más trabajadores y más horas, no tanto mejorando procesos, tecnología o capital por trabajador. Esto explica que, incluso con datos de afiliación y ocupación relativamente favorables, la productividad por hora trabajada avance con timidez frente a economías como Alemania, Francia o los países nórdicos, donde el peso de la inversión en digitalización, maquinaria y formación especializada es mayor. El resultado es una economía que crece, pero que lo hace «más ancha que alta»: más empleo, sí, pero con un valor añadido por hora trabajada que no despega al mismo ritmo.

El diagnóstico habitual señala varios factores que se repiten año tras año: un tejido empresarial con un peso muy elevado de pymes y microempresas, que tienen más dificultades para invertir en tecnología, I+D o formación continua que las grandes corporaciones; un mercado laboral todavía marcado por la temporalidad en ciertos sectores; y una estructura productiva con gran dependencia del turismo, la hostelería y otros servicios de menor valor añadido por hora trabajada frente al peso relativo de la industria y los servicios avanzados en otras economías europeas.

Inversión, tamaño empresarial y el reto de escalar

El tamaño medio de la empresa española sigue siendo un condicionante clave. Una compañía pequeña tiene, de partida, menos capacidad de absorber el coste fijo de digitalizarse, automatizar procesos o contratar perfiles muy especializados, y eso penaliza la productividad agregada del país aunque cada negocio individual funcione razonablemente bien. A esto se suma un contexto de tipos de interés y financiación que, aunque se ha ido normalizando, sigue exigiendo a las pymes un esfuerzo mayor para acometer inversiones de calado que a las grandes empresas con acceso a mercados de capitales.

El mercado de la vivienda añade otra capa de presión indirecta: el encarecimiento del alquiler y la compra en las principales ciudades eleva los costes salariales necesarios para atraer y retener talento, especialmente en sectores con mayor componente de cualificación, lo que resta competitividad a las empresas que compiten por ese mismo talento con estructuras de coste más ajustadas. En paralelo, el consumo de los hogares se mantiene como uno de los motores de la actividad, pero un consumo sostenido en sectores de bajo valor añadido no es, por sí solo, la palanca que necesita el país para cerrar la brecha de productividad con el resto de la UE.

Las buenas noticias, moderadas, existen: los fondos europeos y los planes de digitalización siguen dejando margen para que empresas de todos los tamaños inviertan en tecnología, automatización de procesos administrativos y mejora de la gestión, terrenos donde el retorno sobre la productividad suele ser más rápido de lo que se piensa. La clave para una pyme o un autónomo no está en esperar a que cambien las cifras macro, sino en revisar procesos internos, digitalizar la gestión administrativa y fiscal, y liberar horas de trabajo cualificado que hoy se dedican a tareas de bajo valor añadido.

En Zythos Business trabajamos precisamente en ese terreno con autónomos y pymes: ordenar la contabilidad, automatizar la gestión fiscal recurrente y dar visibilidad clara sobre los números del negocio para que el tiempo del empresario se dedique a lo que realmente hace crecer la actividad, no a la burocracia. En un contexto donde la productividad marca la diferencia entre resistir y competir, tener una gestoría que aporta eficiencia real a la trastienda administrativa deja de ser un gasto y pasa a ser, también, una palanca de competitividad.

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