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Economía

Redes eléctricas y de gas: el peaje que decide si España se electrifica a tiempo

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España se ha marcado como horizonte una electrificación acelerada del consumo: vehículo eléctrico, bomba de calor, autoconsumo, electrolizadores y, cada vez más, centros de datos que devoran potencia. Todo ese proceso necesita un soporte físico que rara vez sale en los titulares: las redes de transporte y distribución de electricidad y gas. Y aquí está el problema que, a mi juicio, llevamos demasiado tiempo posponiendo: el modelo con el que retribuimos a esas redes fue pensado para un país que consumía de otra manera, y seguimos parcheando en lugar de repensarlo.

Un modelo diseñado para contener el gasto, no para preparar el futuro

La retribución de las redes en España se fija administrativamente: la CNMC reconoce una remuneración a las empresas propietarias de la infraestructura en función de los activos que operan, con topes de inversión anuales y una tasa de retorno regulada. El diseño nació con un objetivo legítimo, contener el gasto en un sistema eléctrico que en su momento acumulaba un déficit de tarifa insostenible, y en eso cumplió su función. Pero un modelo pensado para frenar el gasto no es automáticamente el modelo adecuado para estimular la inversión que ahora necesitamos. Cuando los topes de inversión se calculan mirando al pasado, con revisiones que llegan tarde respecto a la demanda real, el resultado previsible es una red que va un paso por detrás de la electrificación que se le pide sostener. No hace falta un incidente grave para verlo: basta con las conexiones que se demoran, los puntos de la red saturados donde no cabe más potencia, o los proyectos renovables o industriales que esperan a hacer hueco. Esas señales llevan tiempo apareciendo.

Mi tesis es sencilla: si queremos que la electrificación sea real y no solo un objetivo en un plan estratégico, la retribución de las redes tiene que dejar de mirarse como una partida de gasto a contener y empezar a tratarse como una palanca de política industrial. Eso no significa firmar un cheque en blanco a las eléctricas y gasistas, que siguen siendo negocios regulados con retornos garantizados y merecen escrutinio estricto. Significa diseñar incentivos que premien la anticipación, construir capacidad antes de que la demanda la agote, y no solo la eficiencia en el gasto ya ejecutado.

Quien paga el peaje, y quién lo notará si la red no está lista

La retribución de las redes se traslada al consumidor a través de los peajes y cargos que forman parte de la factura de la luz y el gas, tanto de hogares como de empresas. Ahí está la tensión de fondo que todo regulador tiene que resolver: subir la retribución para incentivar más inversión encarece el recibo a corto plazo; mantenerla contenida abarata la factura hoy pero traslada el riesgo de cuellos de botella a mañana. Y ese mañana no es abstracto para una pyme que quiere electrificar su flota o instalar autoconsumo y descubre que la red de su polígono no tiene capacidad disponible, o para un autónomo cuya actividad depende de una conexión fiable. La factura de la red no se paga solo en euros por kilovatio; también se paga en tiempo de espera, en proyectos que no arrancan y en oportunidades de negocio que se quedan en el cajón.

Por eso defiendo una regulación de redes más transparente y con horizontes de planificación más largos y predecibles, que dé certidumbre a las empresas de redes para invertir con antelación y, a la vez, someta esa inversión a indicadores de calidad de servicio y de capacidad disponible que el regulador pueda auditar con rigor. La alternativa, seguir revisando marcos retributivos a golpe de urgencia cuando ya se nota la saturación, sale más cara a todos, aunque la factura mensual parezca más barata hoy.

En Zythos Business vemos de cerca cómo estas decisiones regulatorias, aparentemente lejanas, acaban en el día a día de autónomos y pymes: en el coste energético que hay que planificar, en la viabilidad de un proyecto de autoconsumo o electrificación, en la letra pequeña de una factura que conviene revisar antes de firmar un cambio de tarifa. Acompañamos a nuestros clientes precisamente para que esas decisiones, grandes o pequeñas, se tomen con los números claros encima de la mesa.

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