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Economía

Madrid no es un milagro fiscal: es lo que pasa cuando se compite en serio

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Cada vez que un informe vuelve a situar a Madrid como el motor económico de España y una de las regiones más dinámicas de Europa, la reacción suele dividirse en dos bandos: quienes lo celebran como prueba de que «algo se está haciendo bien» y quienes lo despachan como un espejismo construido a base de dumping fiscal. Sostengo que ambas lecturas se quedan cortas. Madrid no es un milagro ni un truco contable: es el resultado, bastante previsible, de aplicar durante años una combinación de estabilidad normativa, fiscalidad competitiva y apertura a la inversión que el resto del país ha aplicado solo a medias, cuando lo ha hecho.

No es solo el tipo impositivo

Es tentador reducir el éxito madrileño a las bonificaciones en Patrimonio o Sucesiones y Donaciones, y no sería justo ignorar que ahí hay una ventaja real, sobre todo para atraer capital y talento que en otras comunidades directamente se marcha o ni se plantea instalarse. Pero desde la asesoría vemos algo más de fondo: la previsibilidad. Una empresa o un autónomo que planifica a tres o cinco años necesita saber qué reglas del juego tendrá, no solo cuáles son las más bajas hoy. Madrid ha ofrecido eso con más consistencia que buena parte del mapa autonómico, y eso pesa tanto como el tipo nominal a la hora de decidir dónde se abre una sede, dónde se contrata al primer empleado o dónde se reinvierte el beneficio en lugar de repartirlo o sacarlo del país.

El riesgo de un país que corre con un solo motor

Dicho esto, celebrar sin matices el liderazgo madrileño me parece un error de perspectiva. Una economía nacional que concentra su dinamismo en una sola región no es una economía sana, es una economía desequilibrada que todavía no ha hecho crisis. Cuando el motor principal absorbe de forma desproporcionada la inversión, el talento joven y la creación de empresas, el resto de comunidades no solo pierden crecimiento: pierden la base fiscal y demográfica que necesitarían para competir en igualdad de condiciones el día de mañana. A mi juicio, el verdadero debate no debería ser si Madrid baja impuestos «de más», sino por qué tantas otras regiones, con palancas similares a su disposición, no han conseguido construir un entorno igual de atractivo para quien decide dónde arriesgar su capital o su carrera profesional.

Competir hacia arriba, no repartir el mérito

La respuesta razonable no es pedirle a Madrid que frene, sino exigir al resto que compita de verdad: con seguridad jurídica, con agilidad administrativa y con una fiscalidad que no penalice a quien crea empleo y actividad. La competencia fiscal entre territorios, bien entendida, no es una carrera destructiva hacia el cero, sino un mecanismo de disciplina que obliga a cada gobierno autonómico a justificar cada punto de presión fiscal con servicios y condiciones que lo compensen. El problema no es que Madrid haya jugado bien esa partida; el problema es que se ha quedado casi sola jugándola.

Para quienes gestionamos el día a día fiscal y contable de autónomos y pymes, esta conversación macroeconómica tiene una traducción muy concreta: cada decisión sobre dónde constituir una sociedad, cómo estructurar una inversión o qué régimen fiscal aplicar depende de un mapa autonómico cada vez más desigual, y equivocarse sale caro. En Zythos Business acompañamos a nuestros clientes precisamente para que esas decisiones se tomen con datos y no con intuiciones, entendiendo las particularidades de cada territorio y anticipando cómo les afectan los cambios normativos, estén donde estén operando.

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