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España

Una economía española competitiva en costes, pero con el reto de la productividad

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Durante los últimos ejercicios, la economía española ha destacado dentro de la zona euro por su capacidad de crecimiento y de creación de empleo, en un entorno europeo mucho más flojo. Sin embargo, detrás de los buenos titulares late un debate de fondo que conviene que todo empresario conozca: ¿crece España por ganar valor añadido o, sobre todo, por producir y contratar a un coste relativamente bajo? La respuesta, como casi siempre, tiene matices.

Un crecimiento apoyado en el empleo y la demanda exterior

El dinamismo reciente de la economía española se ha sostenido sobre varios pilares: el buen comportamiento del turismo y de los servicios, la recuperación del empleo hasta máximos de afiliación a la Seguridad Social, el aumento de la población en edad de trabajar gracias a la inmigración y un consumo público que ha actuado de colchón. A ello se suman los fondos europeos, cuyo ritmo de ejecución ha condicionado la inversión de muchas empresas.

Este patrón tiene una virtud evidente: genera ocupación y recaudación. Pero también implica que buena parte del avance del PIB procede de sumar más horas trabajadas y más trabajadores, y no tanto de que cada uno produzca más. Cuando el crecimiento descansa en el volumen de empleo, el PIB total sube, pero el PIB por habitante y la renta disponible avanzan de forma bastante más modesta.

El talón de Aquiles: la productividad

La productividad por hora trabajada lleva años creciendo poco en España, y esa brecha con las economías europeas más avanzadas es uno de los diagnósticos más repetidos por organismos nacionales e internacionales. Las causas son conocidas y se retroalimentan:

  • Tamaño empresarial: predominan las microempresas y pymes, que invierten menos en tecnología, formación e internacionalización que las grandes compañías.
  • Especialización sectorial: un peso elevado de actividades intensivas en mano de obra y de menor valor añadido.
  • Inversión intangible: menor gasto en I+D, digitalización y software que en los países de referencia.
  • Desajuste de cualificaciones: trabajadores sobrecualificados para su puesto y, a la vez, dificultades para cubrir perfiles técnicos.

Competir en costes es legítimo y ha permitido a España ganar cuota en muchos mercados, pero es una estrategia con techo: siempre habrá economías más baratas. La ventaja duradera llega cuando el coste competitivo se combina con calidad, marca, tecnología y capacidad de fijar precios.

Vivienda, costes y márgenes: lo que notan las empresas

El encarecimiento de la vivienda, tanto en compra como en alquiler, se ha convertido en un factor económico de primer orden. Resta capacidad de consumo a los hogares, dificulta la movilidad laboral y complica a las empresas la atracción de talento en las zonas donde más empleo se crea. A la vez, los costes financieros, los costes laborales y los energéticos siguen presionando los márgenes de las pymes, que no siempre pueden trasladar esas subidas a sus precios.

Para el empresario, la lectura práctica es clara: en un contexto de crecimiento pero con márgenes ajustados, la diferencia la marca la gestión. Conocer con precisión la rentabilidad por línea de negocio, anticipar la tesorería, aprovechar bien las deducciones y los incentivos a la inversión y mantener al día las obligaciones fiscales deja de ser una tarea administrativa para convertirse en una ventaja competitiva.

Qué conviene vigilar en los próximos trimestres

Hay varios indicadores que merece la pena seguir de cerca: la evolución de la productividad y no solo del empleo, el comportamiento de la inversión empresarial, el pulso del consumo de los hogares, la tendencia de los tipos de interés y la capacidad de absorber los fondos europeos pendientes. Cualquier cambio en el contexto exterior, especialmente en nuestros principales socios comerciales, se traduciría con rapidez en la actividad de los sectores más expuestos.

En Zythos Business acompañamos a autónomos y pymes precisamente en esa transición: de competir solo por precio a decidir con datos. Una contabilidad ordenada y al día, una planificación fiscal prudente y un seguimiento claro de costes y márgenes permiten detectar a tiempo dónde se gana y dónde se pierde dinero, y dedicar la energía a lo que realmente aumenta el valor de cada negocio.

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